¿Un topo en la Catedral de León?

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La actual catedral gótica  se levantó hace más de 700 años sobre los cimientos de otras edificaciones que habían ocupado el espacio del palacio de los reyes de León construido, a su vez, sobre el asentamiento romano que la Legio VII había instalado entre los ríos Torío y Bernesga.

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Toda la construcción de la catedral tenía un objetivo. Pretendía convertir el templo en una especie de catequesis arquitectónica y artística. De hecho, la misión de los sacerdotes y maestros medievales era, precisamente, ilustrar con el leguaje universal de la pintura y la escultura, las explicaciones teológicas que necesitaban los peregrinos.

Las paredes de la Catedral han sido testigo de diversos acontecimientos y sucesos, y caminar por su interior nos transporta hasta la Edad Media, como si de un viaje en el tiempo se tratara. Un recorrido donde podemos advertir las características más importantes del estilo gótico.

Sin embargo, las novedades arquitectónicas góticas que se introducen en la Catedral de León no fueron suficientes para contrarrestar las dificultades por las que este templo ha debido afrontar a lo largo de su historia. Además de los incovenientes por el enclave elegido (el terreno de unas antiguas termas romanas cimentado a su vez por dos edificaciones posteriores), se debe añadir la circunstancia que condiciona la construcción del templo catedralicio hasta el punto de crear leyendas milenarias. Se trata de la piedra caliza de Boñar, extraída de las canteras leonesas de Las Bordas, caracterizada por su fragilidad. Debido a esto, se han realizado numerosas obras de refuerzo desde el siglo XIV.

El arquitecto Mariano Díez Sáenz de Miera, asegura que «el día que desaparezcan los andamios de la Catedral será una mala señal», porque en su opinión, «la Catedral es como una enferma que se encuentra estable pero que requiere de cuidados  constantes«.

Relacionado con los problemas de la fragilidad y los continuos procesos de restauración y limpieza, existe en León una leyenda vinculada con un topo, animal experto y avezado explorador del subsuelo. Se cuenta que un malvado topo destrozaba por las noches los cimientos  que construían los operarios de la catedral gótica, hartos de ver los destrozos , lo cazaron para colgar su pellejo relleno de paja sobre la puerta (lo podemos ver colgado en el interior del edificio).  En realidad se trata de un caparazón de una tortuga laúd que nadie sabe  por qué, cuándo y quién la colocó alli. Quizás lo importante sea que esa «piel» parece haber ahuyentado desde entonces a cualquier «topo» que quiera destruir la Catedral.

Esta leyenda milenaria del topo, poco verosímil, permite que nuestro recorrido a la Edad Media tenga un cierto halo de misterio.

Bibliografía

Revista Catedral de León. Año I. Nº 1. Julio 2016. Editorial Vía Sacra.

 

 

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